Cómo utilizar los juegos de mesa en el colegio y no morir en el intento

 In En el aula

Vaya… hace cuatro años que no me paso por aquí. Y lo peor es que no vengo a hacer ninguna reseña, ni a escribir una crónica de partida. Hoy me he animado a volver para hablar de los juegos de mesa pero desde una perspectiva muy distinta: la de una profe de primaria que los usa en el colegio con su alumnado y que no ha muerto —aún— en el intento.

He escuchado muchas cosas sobre los increíbles beneficios de utilizar juegos de mesa en entornos educativos. He asistido a cursos donde se habla de gamificación y de juegos serios en el aula, pero pocas veces he tenido la oportunidad de leer experiencias reales de profesorado que los integran en los colegios en general y en el aula en particular.

Y a eso vengo yo: a contar mi experiencia, intentando acercar los juegos de mesa al alumnado, con más miedo que vergüenza y siendo muy consciente de las dificultades, carencias y limitaciones que pueden aparecer en el proceso.

Permitidme hacer un disclaimer antes de empezar: no soy una experta en este tema. Hablo desde la experiencia real, no desde el conocimiento teórico. De hecho, conociendo tan bien el mundillo de los juegos, siempre me ha parecido difícil trabajar con ellos en el aula sin morir en el intento. En un aula real, de 25/26 alumnos, cada uno con sus particularidades, sus dificultades y sus fortalezas.

Así que solo espero que lo que escriba por aquí sirva para aportar alguna idea y, sobre todo, para que utilicéis los comentarios para compartir vuestras propias experiencias y podamos aprender todos de todos.


Los juegos de mesa en los recreos

Puedo hablaros de dos experiencias.

La primera, la más sencilla y que mucha gente ya utiliza, es tener juegos en el aula para que el alumnado pueda usarlos en los recreos, cuando llueve y no pueden salir al patio. Es el primer paso para “meterles el gusanillo”. En un primer momento, incluso podemos crear un grupo de “expertos” que se dedique después a evangelizar al resto.

Aquí he utilizado mucho juegos como Misión Cumplida (Zacatrus) que es mi juego estrella para trabajar el razonamiento lógico-matemático, el pensamiento computacional y el cálculo, Flip 7 (Mercurio), Topito (Devir) o incluso 300 Tierra y agua (Dracoideas) sobre las guerras médicas entre el Imperio Persa y las polis griegas.

Otra manera de incluirlos es a través de los recreos activos. Muchos centros optan por esta modalidad tan enriquecedora, y se puede designar un espacio específico para fomentar los juegos de mesa. Lo ideal es coordinarse con el resto de profesorado para crear, de nuevo, un grupo de expertos que ayuden a los demás a aprender las reglas y a mantener un buen clima de respeto, aceptando normas, derrotas y victorias —valores transversales que siempre hay que fomentar en los colegios—.


Los juegos de mesa en el aula

También hay muchas maneras de incluirlos en clase, pero voy a contaros cuatro experiencias que he puesto en marcha en distintos colegios.

1. Actividades de activación (icebreakers)

Se usan en momentos clave, por ejemplo, en el cambio entre una materia y otra. En mi caso utilizo Unánimo (Zacatrus) como “descanso activo”. Empezamos la asignatura de forma distendida, pero dirigiendo al alumnado hacia el interés.

No lo utilizo todos los días, pero sí con bastante frecuencia para arrancar la clase. Lo he usado tanto en gran grupo como en pequeños grupos, y siempre ha funcionado muy bien.


2. Grupos activos

Si tenemos una disposición del aula que favorezca el aprendizaje cooperativo, podemos poner en práctica los grupos activos.

Se plantean diferentes actividades para los distintos grupos, que no excedan los 15 minutos.
Por ejemplo: un grupo hace operaciones con decimales (y podemos dedicarles atención plena al ser pocos alumnos), otro trabaja artística, otro escritura creativa y otro juegos de mesa.

Las actividades van rotando para que todos pasen por todas. De esta forma, el alumnado aprende mientras el docente puede centrarse en los grupos que más lo necesitan a nivel curricular. Aquí es fundamental la colaboración de un profe de apoyo.

3. Pinitos con el rol y otros juegos para la escritura creativa

Yo personalmente no he jugado a rol en mi vida, pero creo que estos juegos tienen un potencial enorme para despertar la creatividad entre los alumnos. La única experiencia que puedo contar es la de haber utilizado Nómada, de la editorial El Refugio, y ha sido de lo más satisfactoria. Con algunas modificaciones en el reglamento, me ha servido para hacer talleres de escritura creativa de una forma súper inmersiva, utilizando incluso bandas sonoras como la de Interstellar para darle epicidad. No he visto jamás a unos alumnos tan entusiasmados escribiendo páginas y páginas de sus propias aventuras en el espacio exterior.

Si quereis información buena, verdadera y real sobre esto, tenéis que leer a Mr.Wolf. Una eminencia aplicando los juegos de rol en el aula.

Otros juegos que también utilizo para esto, aunque más conocidos, son los siempre socorridos Story Cubes o las cartas de Dixit (Asmodée), que sirven para crear historias basadas en sus ilustraciones. Es increíble ver cómo una sola ilustración se puede interpretar de múltiples formas. Normalmente les doy cinco cartas y cada alumno escribe su historia inspirada en ellas. Han salido cosas geniales y, sobre todo, ha sido un orgullo conseguir verdadero entusiasmo por querer escribir.


4. ATEDU

En Andalucía tenemos una asignatura llamada ATEDU, alternativa a Religión. Es una materia que debemos incluir en la programación, pero no dispone de un currículo oficial prescriptivo, como ocurre en áreas como Matemáticas, Lengua o Artística.

Lo que sí establece la normativa es que no se dé contenido curricular, para evitar desigualdades con respecto al alumnado que sí cursa Religión.

Aquí la ventaja es que los grupos suelen ser muy reducidos (entre 4 y 6 alumnos), lo que permite utilizar los juegos de mesa de múltiples formas.

En mi caso, diseñaba situaciones de aprendizaje en torno a un juego.
Por ejemplo, si la SdA giraba en torno a Carcassonne, jugábamos una partida, pero el juego era solo la excusa para introducir la Edad Media: veíamos vídeos, creábamos una línea del tiempo, elaborábamos un pequeño guion teatral, lo grabábamos…

Con Ticket to Ride: Express, tras jugar, investigábamos sobre las ciudades del mapa, elaborábamos fichas sobre el país, el idioma, la moneda, la cultura, la gastronomía…

El juego sirve para motivar y activar al alumnado al inicio de una situación de aprendizaje que puede derivar en tantas actividades como quiera (y pueda) el profesorado.


Talleres extraescolares

Este punto es solo para profes «jartibles», que aun sabiendo que nadie les va a agradecer sus horas extra, están dispuestos a meterse en el berenjenal.

Yo solo lo he hecho un par de veces, pero ha servido para que madres y padres vean que existe un mundo más allá de los videojuegos, las pantallas y el fútbol.

Además, es otra forma de implicar a las familias y de crear alumnado experto que luego puede ayudarnos en los recreos activos o en el aula.

Aquí hay cabida para juegos más largos, con mayor o menor número de jugadores, y más libertad para que traigan sus propios juegos, para que compartan y disfruten plenamente de esta afición.

Como habéis podido apreciar, si habéis llegado hasta aquí, este post no tiene ni el más mínimo enfoque “académico” o “formal”. Como os avisaba al principio, es solo una crónica de lo que buenamente he podido hacer por acercar los juegos a los pequeños que tanto me importan, quizá en ocasiones movida únicamente por la pasión.

No son la panacea, no vas a notar un cambio de 360 grados en tu aula y no hay que volverse loco. Los juegos de mesa son un recurso más entre los miles que podemos utilizar en clase. Pero estás en un blog de juegos de mesa, de una amante de este mundo… así que, egoístamente, es un recurso que iba a utilizar sí o sí, tarde o temprano.

Ya en otra ocasión reflexionaremos sobre los beneficios que puede tener esta práctica o sobre las dificultades que podemos encontrar —que, creedme, siempre me han parecido muchas—, pero eso lo dejo para dentro de otros cuatro años.

                              – Gracias amiga Trini, por empujarme sin pretenderlo a escribir sobre esto.

 

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