Reseña de Onitama: dar cera, pulir cera

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Los juegos abstractos: esa categoría de juegos que despierta, independientemente del título, amor y rechazo a partes iguales. Partiendo de esa base, lo indudable es que, si el juego es bueno, debe reunir (entre otras) dos características fundamentales: que las reglas sean sencillas y que tenga la profundidad suficiente para no verle “las costuras” demasiado rápido.

Las reglas de Onitama se explican en un párrafo: cada jugador lleva un bando, roba dos cartas y para empezar la partida, se roba una más que es la que indicará quien será el jugador inicial. Esta última además se colocará entre los dos jugadores, mirando hacía el que empieza la partida. Luego, cada jugador en turnos alternos, elegirá una de las dos cartas de su zona de juego y realizará un movimiento con una de sus piezas.


El movimiento va a venir determinado por la carta que elija: el cuadrado negro indica dónde está situada tu pieza y el resto, las casillas a las que puede mover. Hecho esto, cogerá la carta que acaba de utilizar para realizar el movimiento y la cambiará por la que habíamos dejado fuera entre los dos jugadores, que pasará a estar disponible para el siguiente turno de este jugador. Así siempre habrá una carta fuera y dos en la zona de cada jugador.

Hay dos maneras de ganar: llegando con tu maestro a la puerta situada en el extremo contrario del tablero o derrotando con un movimiento al maestro del jugador contrario.

 

Dicho esto, queda claro que la primera de las características fundamentales la cumple a la perfección. Las reglas son sencillas, claras y para toda la familia.

El segundo punto, el de la profundidad, me cuesta valorarlo más… Cómo habréis podido imaginar, en cada partida vamos a tener disponibles cinco cartas: dos de ellas en nuestros respectivos tableros y otra fuera que será la que intercambiemos con la que hayamos usado. Esto va a hacer que por un lado, nuestros movimientos queden limitados por estas cartas y por otro, que no podamos prever con muchos turnos de antelación qué movimientos vamos a poder hacer porque va a depender en gran parte, de lo que haga nuestro rival. Así que más que prever nuestra jugada, tendremos que adaptarnos a lo que tenemos y eso es algo que no me llega a encantar en un juego como este. Resulta original, pero no del todo deseable.

En otros juegos abstractos tácticos como por ejemplo el Hive, tengo la sensación de controlar mucho mejor qué movimientos va a poder hacer el rival y cómo voy a poder contrarrestarlos yo, aun teniendo muchísimas posibles acciones. Pero al conocer de antemano cómo se mueve cada ficha y tener siempre la posibilidad de ejecutar esos movimientos, el control es mayor. En Onitama, en cambio, no sabes qué cartas vas a tener a “equis” turnos vista, porque depende directamente de la elección de tu contrincante.

Otra cosa que me fastidia es la posibilidad de entrar en modo Ricky Martin: “…un, dos tres, un pasito pa’lante, un, dos tres, un pasito pa’trás”. Me pasó en la primera partida y me dejó chafada por las grandes expectativas que tenía y es que puede darse el caso en el que salgan cartas que te hagan ir hacia delante y atrás una y otra vez porque de otro modo, sabes que te va a morir un peón. Llega un momento que alguien tiene que decidir dar el paso, sacrificarlo e intentar atacar de otro modo para tomar ventaja, pero es fastidioso. También diré que me pasó esa única vez y que el resto de partidas han tenido un ritmo normal.

Con todo esto, creo que dejo claro que al juego le veo defectos, porque a mi personalmente me gusta enfrentarme de manera diferente a un abstracto, pero aunque parezca contradictorio, también tengo que decir que Onitama no va a salir de mi ludoteca.

Es un abstracto precioso, ideal para aquellos que quieren probar abstractos puros, sencillitos y rápidos. La rejugabilidad es alta y eso es algo muy importante en juegos que duran 15 minutos como este, porque lo normal es encadenar varias partidas cuando lo sacas. Además, el rollo de los movimientos predeterminados por las cartas, aunque puede ser el culpable de esa sensación restrictiva de la que hablábamos antes, le da un toque original.

Y antes de terminar, quiero hacer hincapié en algo que he comentado muy por encima antes: la producción del juego es ideal. Me encanta ver cómo cuidan los detalles en un juego que no sería lo mismo sin ese tablero de neopreno enrollado o ese packaging rectangular con la tapa imantada o esas cartas enormes con kanjis y citas que podrían haber sido sacadas de cualquier peli de Karate Kid.

Es cierto que hay juegos abstractos de la misma duración/complejidad que están por encima de este Onitama. Se me ocurren varios que he probado del proyecto Gipf o el mismo Hive, que si no habéis probado, ya estáis tardando, pero aún así, sigo viendo en Onitama una opción muy recomendable y diferente.

Otros enlaces

Reseña Onitama misutmeeple

Onitama en BGG

Maldito Games

 

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