Reseña de Deus: el poder de la sencillez

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Deus es uno de esos juegos que casi en el momento de salir al mercado, colocas en la wishlist esperando su momento. El momento de comprarlo o incluso probarlo. Y ves los días pasar, luego los meses y sin saber porqué te das cuenta de que finalmente los meses se han convertido en años.

Pero a todo cerdo le llega su San Martin y en este caso Iván (iMisut para los amigos en Twitter o misutmeeple.com para los seguidores de su blog) fue el que, en Las Grecas II por fin rompio la racha del que iba por el camino de ser el juego que más tiempo ocupaba mi wishlist sin ser comprado, ni jugado.

Lo probé y me faltó tiempo para pedirlo a una de mis tiendas habituales y es que Deus es un juego que merece mucho tener un hueco en la ludoteca. Vamos a ver por qué:

Deus es un juego tremendamente sencillo de reglas. Yo esperaba un euro duro y exigente y ¡Oh Sorpresa! Cuando me explican las reglas y luego confirmo en el manual que tiene tres páginas de reglas, me quedo un poco a cuadros. Quizá algún día, escuchando hablar de él, confundí complejidad con profundidad, pero desde luego, se explica en una patada y eso ya es un punto a favor.

Deus es un juego de civilizaciones con el tema totalmente pegado. Nuestro objetivo es conquistar los asentamientos  que encontramos en algunas regiones del tablero. Estos asentamientos tienen tantos puntos de victoria como regiones los rodeen. Y para conquistarlos los jugadores intentarán rodearlos con edificios que vayamos construyendo durante la partida, siendo el que haya construido más edificios de poder militar alrededor de estos asentamientos, el que consiga llevarse sus puntos de victoria.

En nuestro turno sólo podemos hacer una de estas dos cosas: o construir un edificio de cualquiera de los 6 tipos diferentes o hacer una ofrenda a cualquiera de los Dioses.

Para construir un edificio, lo hacemos bajando una de las cartas que tengamos en la mano. Pagamos su coste y la colocamos en el lugar correspondiente de nuestro tablero personal (hay 6 tipos de construcciones diferentes). Luego cogeremos el edificio asociado y lo construiremos en el tablero, siguiendo unas normas básicas de colocación como que sea adyacente a otro que tengamos o que no se repitan edificios iguales en una misma región.

La parte realmente chula de esta acción es que construyendo un edificio conseguiremos activar las cartas del mismo tipo que tengamos ya bajadas en el tablero. Por ejemplo, bajando la carta militar “War Elephants”, podremos activar de nuevo la de “Legion” que ya habíamos construido en un turno anterior. Así que esta acción no sólo nos va a permitir posicionarnos en el tablero, sino que además hará que desencadenemos combos y sinergias con las cartas.

La otra acción que podemos elegir hacer en nuestro turno es la de hacer una ofrenda a los Dioes, porque en Deus, no hay fase de mantenimiento, ni se repone la mano de cartas de forma automática. Tenemos que forzarlo ejecutando esta acción en nuestro turno. Idea que por otra parte, me encantó cuando lo jugué por primera vez.

Para ello, elegiremos una (o más) de las cartas de nuestra mano que queramos entregar como ofrenda descartar  y dependiendo del tipo que sea, ejecutaremos la recompensa que el Dios nos ofrece a cambio. Esa recompensa siempre es un edificio nuevo que podremos colocar en nuestro tablero personal, para poder construirlo en turnos posteriores y además un favor que varía dependiendo del Dios (conseguir monedas, recursos, más edificios, etc). Luego podremos reponer nuestra mano hasta tener 5 cartas. Así que esta acción nos va a servir para tres cosas: llevarnos una recompensa, limpiar nuestra mano de cartas que no queremos en busca de otras nuevas y conseguir edificios para construir en turnos posteriores, ya que al principio de la partida, empezamos con sólo dos edificios de cada tipo.

Pues con sólo estas dos cositas, Sebastian Dujardin que es el autor del juego, consigue hacer un juegazo super completo.

Hay muchas cosas positivas que remarcar de este Deus. La primera y más importante es lo que hace grande a otro juego de motor de cartas como es el Terraforming: reglas super sencillas, mecánica casi única de bajar cartas y gran rejugabilidad gracias a la cantidad de cartas diferentes que hacen que puedas adoptar formas diferentes de enfrentarte a la partida.  Lo asombroso es que, al igual que en Terraforming, a pesar de la gran variedad de cartas, los diseñadores han conseguido hacer dos juegos extremadamente compensados. No hay cartas rotas, ni demasiado vitaminadas, con lo cual, aunque las robes al azar, siempre vas a encontrar combos, sinergías y usos favorables en tu turno. Además, en Deus el azar se puede mitigar haciendo ofrendas a los Dioses y limpiando la mano y igual que en Terraforming se mitiga haciendo draft en la partida.

Obviamente aquí la profundidad y o la rejugabilidad está algo más limitada que en el Terraforming, porque mientras que uno es un euro medio suave que se juega en 45 minutos (Deus) el Terraforming es un euro medio duro que puede llegar a las dos horas.

Y precisamente ese es otro factor positivo a tener en cuenta: lo dinámico que es. Puede ir tan rápido que a penas te quede tiempo para pensar tu próxima jugada antes de que te vuelva a tocar.

Si además hablamos de cómo escala, no hay “peros” que valgan… funciona perfectamente a cualquier número y además (y esto es otra cosa que me sorprendió) hay bastante interacción durante la partida. El tablero es modular y dependiendo del número de jugadores, el mapa cambia de tamaño. Esto hace que haya competencia y saña para intentar dejar al rival bloqueado. Además, hay algunas cartas que te permiten saquear al resto de jugadores y robarles tanto monedas, como puntos de victoria (y duele… duele mucho), así que, otro punto a favor.

Creo que si Deus no triunfó tanto en su día es porque Pearl Games, la editorial que lo publicó, llevaba varios años sacando euros duros de muy alto nivel: Ginkgopolis, Troyes, Bruxelles e incluso ese mismo año La Granja y las expectativas le jugaron una mala pasada. Supongo que todos esperarían otro euro duro en términos de complejidad, duración de partida y exigencia. Y Deus no es eso. Más bien todo lo contrario.

En Deus vamos a encontrar un juego con un buen ritmo, elegante, con un buen equilibrio entre complejidad y profundidad, que escala bien y que tiene toda la pinta de quedarse como juego de referencia en la ludoteca como euro medio de unos 45 minutos. Quizá no llegue a sobresaliente, pero es un juego notable que seguiremos sacando muy a menudo.

Otras reseñas:

Misut Meeple

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El Dado de Jack

 

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